La Pera
No existe un modo mejor de expresarlo: Lopera es la pera. Después de las bajas de última hora salimos José María, Álvaro P, Fran, Rodrigo, Dani y Enric puntualmente, camino de lo desconocido: buena música, buena compañía, buen coche (más o menos) y muchos kilómetros por delante.
Y al llegar empezó la aventura: cena frente al castillo de Lopera, varios juegos de noche y a inspeccionar la casa: un águila imperial, pieles de zorro, munición de todo tipo y de todas las épocas, muebles de Isabel II… Fran y Rodrigo rompieron una puerta, pero como Juan, el papá de José María es un buenazo, no les metió la bronca. Lástima.
El sábado empezamos con un plato fuerte: Don Luigi al volante de un Range Rover y Juan en un Santana nos llevaron por entre los olivos, a disparar. Primero perdigones del 4,5 y del 5.5. Pero nos parecía un juego de niños y enseguida pasamos a la escopeta del calibre 22, con la que dejamos una botella de Aquarius como si fuera un colador. Rodrigo dice que le dio, pero no sé, no sé. Lo mejor fue la paralela. Pones un petardo debajo de una olla, lo enciendes y a los pocos segundos la olla sale despedida a unos 30 o 40 metros de altura. Y entonces disparas: tienes dos cartuchos, dos gatillos y ningún punto de mira. Caza en estado puro.
Al irnos del olivar el Santana se quedó encallado en el barro. ¿Sabéis cómo lo sacamos? Lo podéis ver en el video
Después de un rato de estudio y de ir a Misa, fuimos a cazar conejos y perdices, pero no hubo mucha suerte. Por motivos legales, no contaré más.
Luego cenamos carne con espaguetis, y Fran se quedó con todo el queso: ¡qué morro!
El domingo queríamos ir a cazar tortugas, pero por la abundancia de barro lo tuvimos que dejar para otra ocasión. Volvimos a disparar a un limón y Álvaro P se llevó la palma: dos dianas en dos intentos, y casi sin apuntar.
También fuimos a buscar pertrechos de guerra. Nos costó arrancar, pero cuando empezaron a salir las balas (¡Fran encontró una sin detector de metales!), la cosa cambió y al final volvimos con varias balas de la guerra civil, trozos de metralla y perdigones de bombas explotadas, una moneda romana de la época de Constantino y un trozo de material dorado que no descartamos que sea oro. Ojalá que lo sea y nos podamos pagar todos el English Camp… Aunque, por si acaso, compramos unas tortas que ahora re-vendemos a un precio de excepción y que están para chuparse los dedos. Para más información podéis preguntar a cualquiera de 1º de ESO: La Operación Lacasitos ha comenzado.
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La puerta la rompió Enric
Ya, seguro… Y las balas de cañón, ¿quién las dejó encalladas en el tubo?