7 hábitos del católico altamente efectivo

EN EL ÁMBITO DE LA DIRECCIÓN DE EMPRESAS CAUSÓ FUROR EL LIBRO DE STEPHEN R. COVEY: «LOS SIETE HÁBITOS DE LAS PERSONAS ALTAMENTE EFECTIVAS».

Hábito 1: Vida sacramental y de oración más intensa
Desde luego la Misa dominical y cuando te sea posible, poco a poco, la Misa diaria. También habrá que buscar el apoyo de la confesión frecuente. Podemos incluir en este epígrafe la visita diaria al Señor en el Sagrario más cercano a nuestra casa. No se puede esperar ser buen católico si no estamos en continua relación personal con Dios. El fundamento de esta relación es una vida de oración personal diaria. “¿Santo, sin oración?… No creo en esa santidad”. (Camino, 107).

Hábito 2: Trabajar bien
Estamos hechos para trabajar (Gen. 2, 15). Por eso, para darle el sentido pleno a todos nuestros quehaceres ordinarios es necesario dotar de un tono sobrenatural al trabajo. Es más, precisamente con un trabajo bien hecho somos más capaces de Dios y cumplimos el fin para el que hemos sido creados.

Hábito 3: Construir la virtud, desenraizar el vicio
¿Qué virtudes nos faltan? En estas nos tenemos que centrar. Elige una de las virtudes en las que detectes que flaqueas y trabájala a diario. Si mejoramos en esa virtud, por lo general, mejoramos en todas las demás. En paralelo, trabaja por erradicar un vicio que tengas asentado, en especial aquellos que no puedes controlar con regularidad. El apoyo de algún medio de formación nos dará ideas para esta tarea.

Hábito 4: Conoce las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia
Leer todos los días cinco minutos del Evangelio nos da un conocimiento profundo de la vida de Jesucristo. Es más difícil estar al día de los documentos del Magisterio de la Iglesia, pero hay muchos modos de hacerlo: por ejemplo, dándose de alta en algún servicio de noticias. Cuanto más conozcamos más lo podremos aplicar a nuestra vida.

Hábito 5: Actúa alegre sin importar las circunstancias
Es fácil decirlo pero no hacerlo. La alegría es una actitud (virtud) no un sentimiento. No hay que confundir alegría con momentos de felicidad terrena que van y vienen. Podemos ejercitar la alegría con actos de la voluntad, siempre contando con la gracia. ¿Cómo podría la Madre Teresa de Calcuta servir a los más pobre entre los pobres, a pesar de que sufría profundamente en su alma? Con alegría.

Hábito 6: Dirección espiritual regular
Debemos vivir en un constante estado de discernimiento preguntándonos: ¿qué quiere Dios de mí ahora? Esto supone vivir en todo momento con los ojos puestos en corresponder a la gracia y distinguir lo que es nuestra voluntad de lo que es la voluntad de Dios. Un buen director espiritual tiene un valor incalculable para lograr esto. Es un observador objetivo de nuestra vida y de los mociones del Espíritu Santo.

Hábito 7: Compartir la fe con naturalidad
Hay que evitar el egoísmo de que algo tan preciado como el tesoro la verdad, la bondad y la belleza de Cristo se quede en nosotros mismos: vendemos el mejor “producto”. Los católicos han de evangelizar de modo natural a través de sus palabras y el ejemplo.

Entiendo que no sean unos ‘hábitos’ políticamente correctos. Pero así son las cosas, ya estaba todo inventado. Echo en falta referencia explícita al trato con la Virgen, pero lo supongo incluido en todos ellos. Ahora viene lo difícil, ponerlos en práctica y enseñarlos a los hijos con el lenguaje apropiado para cada edad.

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